Las últimas horas de Marx Arriaga siguen funcionando: «No sé si la nueva dirección continuará el trabajo»
«Gracias Marx Arriaga por llevar la crítica pública a las aulas para crear un futuro mejor para nuestros niños», se podía leer en uno de los 11 carteles que estaban colgados en el exterior de la oficina de donde salió este martes el exdirector de Equipamiento Educativo, cuatro días después de su cierre. Arriaga ha recibido y firmado un documento informando de la separación de su cargo, y ha caminado desde la Secretaría de Educación Pública, al sur de Ciudad de México, hasta la estación Coyoacán de la tercera línea del metro, seguido de los gritos de «no estás solo». Unas horas antes de su salida, la bibliotecaria del Nuevo Colegio Mexicano recibió a EL PAÍS en una oficina vacía, a punto de ser desalojada.
Mientras el ex jefe todavía estaba dentro con otros cinco trabajadores, los porteadores se llevaron las sillas y cajas que contenían sus pertenencias. Tres secretarias en cubículos ante las puertas de madera confirmaron: «Estamos trabajando como siempre. Todo está bien». Pero la verdad es que las cosas no iban nada bien. Desde su llegada en 2021, Arriaga ha soportado críticas y exigencias que han menoscabado los libros creados para educar a los niños y jóvenes del país. Sin embargo, fue un pedido del despacho de la presidenta Claudia Sheinbaum para incluir el papel de la mujer en la historia, lo que motivó su remoción. Arriaga aseguró al diario que «toma posiciones», aunque rechazó los cambios porque no vinieron del presidente, sino de las «cloacas» de la SEP.
Había un escritorio, dos sillas, una mesa, cuatro sillas, varias sillas y libros. Detrás de un retrato del filósofo alemán Karl Marx –que el ex funcionario sostuvo en sus manos cuando fue informado de su despido– Arriaga firmó los documentos finales. «No dormí bien. Hay ansiedad. Duermo poco, pero para mí es importante firmar estos contratos para que los trabajadores cobren. Esto es lo que estamos haciendo ahora. Si no se hace esto, los trabajadores no podrán cobrar sus salarios», dijo.
El empleado, que no quiso ser identificado, dijo que años atrás había acompañado a Arriaga en excursiones para producir libros. Ha confirmado que no le sorprende su decisión de negarse durante muchos días en el despacho. Pero dijo: «Todos los que trabajamos en el gobierno sabemos que esto es un ciclo y esto terminará».
Tras pasar casi 90 horas en su despacho, confirmó que la intervención no fue una rebelión, con palabras que repitió hasta el último minuto: «Esto no es una cuestión de insulto». También dijo: «Soy docente, soy profesor, y mi lucha es enseñar, no ser responsable. Si los nuevos administradores tienen una idea diferente de la educación, volveré a enseñar a los docentes adentro, en las aulas. No pasa nada».
Exactamente 24 horas antes de que Arriaga dejara la SEP, Nadia López García fue anunciada como la sucesora del cargo que ocupó el funcionario durante más de cinco años. «No tengo el gusto de saberlo. Es una decisión de gestión. Si podrá continuar con el trabajo que hicimos aquí, no lo sé. Cada administración seguirá su propio camino. La Nueva Escuela Mexicana que estamos impulsando es un proceso que trabaja en el terreno, además del trabajo de enseñar, hombro con hombro, buscando celebridades y críticos para compartir la formación si vamos a tener una nueva formación. Muy grande, porque pueden hacer otras cosas».
El lunes, la presidenta Claudia Sheinbaum dijo en una reunión matutina que el ejecutivo había hecho un «trabajo increíble» con el contenido de los libros. En este contexto, Arriaga ha dicho: «Ha sido muy generoso en su pensamiento. Hay que recordar que, en los momentos más difíciles del proceso, cuando era jefe de Gobierno de la Ciudad de México, fue uno de nuestros principales valedores. Por eso, todo mi agradecimiento por su comprensión y cariño. Nuestro presidente lleva el mundo sobre sus hombros y hoy libra la batalla por el honor del pueblo mexicano».
Sheinbaum también explicó cómo el despido causó revuelo. «No estuve de acuerdo [Marx Arriaga] en el que no hubo cambios en los libros. Entonces surgió el primer desacuerdo, por así decirlo. Ante esto se les dieron otras opciones”, ha dicho Arriaga, respecto al trabajo que se dice que le han encomendado, sabe lo mismo que se ha dicho en los periódicos.

Respecto al shock por los cambios en los contenidos, ha confirmado su posición de rechazo: «Sí, claro que soy responsable. No quedamos satisfechos cuando llegaron las cartas pidiendo cambios. Cabe aclarar que no fue una instrucción del presidente, sino de áreas de la SEP con una visión que consideramos neoliberal, que incluso ha firmado contratos con empresas como Coca-Cola, LEGO». Según explicó al periódico, los cambios que quería afectaban a la forma en que quería que se llevara a cabo el proyecto. «Pidieron eliminar algunos de los ítems que muestran rezago educativo». Entre los que provocaron grandes desacuerdos también menciona los relacionados con la memoria histórica, como la masacre de 1968, la desaparición, la masacre de Ayotzinapa, Aguas Blancas, Acteal y otros hechos asociados a lo que denominó «violencia del Gobierno contra la oposición».
Otro empleado, que también pidió no ser identificado y permaneció con Arriaga en la oficina durante cuatro días, describió los últimos momentos del empleado aferrándose a su puesto. «Estamos esperando que llegue el documento. Seguimos trabajando, se está trabajando como bomberos -grupos de formación- y revisando el contenido». No recibió notificaciones del cambio de domicilio y conoció la llegada de Nadia López a través de las redes sociales «como todos». Es uno de los pagadores, ha renovado recientemente su contrato y está a la espera de instrucciones del nuevo director. En cuanto al hombre detrás de los libros de texto gratuitos, comparte, todavía habla hoy: «Desde que lo conozco, ha sido una persona muy consistente. Lo veo como lo opuesto a como siempre lo he visto, por eso trabajo con él. Él me inspira a querer ser así». En cuanto a las versiones publicadas en la prensa sobre las denuncias en su contra y el cobro de dinero a la oficina, niega: «Es ficción, prometimos no robar ni dar, como dijo el expresidente Andrés Manuel López Obrador».