Monseñor Ricardo Valenzuela cuestiona la indiferencia política y social
01 de marzo de 2026 – 11:23
El obispo Ricardo Valenzuela criticó la tibieza de los fieles frente a los problemas sociales y políticos del país, advirtiendo que una fe vivida por rutina se traduce en indiferencia ante la injusticia, la desigualdad y la necesidad de un compromiso cívico real. “Somos ingratos, el amor no es amado”, lamentó Valenzuela. Fue durante la misa central en la Basílica de Caacupé, este domingo.
El eje central de su mensaje fue la crítica a la indiferencia social y política. “El amor no es amado, somos ingratos”, repitió varias veces, vinculando la ingratitud no solo a la vida espiritual, sino también a la falta de acción frente a las necesidades de la comunidad y del país. Señaló que muchos fieles esperan que los cambios provengan de afuera, de los gobernantes, de las instituciones o de líderes sin asumir responsabilidad personal por transformar su entorno.
Valenzuela utilizó ejemplos claros y cercanos a la vida cotidiana: la falta de participación en iniciativas comunitarias, la desidia frente a la pobreza y la desigualdad, y la indiferencia hacia los problemas que afectan a los vecinos o a los ciudadanos más vulnerables.
Criticó también la rutina en la práctica religiosa: recibir la Eucaristía sin conciencia de lo que representa o asistir a misa por costumbre. “Cuando lo recibimos como cualquier cosa, estamos dejando de corresponder al amor de Dios y también a los demás”, advirtió.
Encuentro con Cristo
El obispo también hizo un llamado directo a los líderes y ciudadanos: la indiferencia y la tibieza no solo afectan la vida espiritual, sino que también debilitan la capacidad de la comunidad para enfrentar problemas colectivos, desde la desigualdad hasta la corrupción o la falta de oportunidades.
“Cada uno de nosotros es responsable de corresponder al amor de Dios mediante acciones concretas que mejoren la vida de los demás”, expresó.
La homilía concluyó con un mensaje de esperanza y exigencia: “Vas a cambiar, absolutamente vas a cambiar, porque sos un hijo muy querido por el Padre. Y con ese amor, también tu comunidad puede transformarse”, enfatizó ante una Basílica colmada de fieles.
Con esta predicación, Valenzuela dejó un mensaje claro: la fe no puede limitarse a rituales ni a palabras, y la verdadera conversión exige compromiso personal, coherencia y acción social. La ingratitud frente al amor de Dios, insistió, tiene consecuencias visibles en la sociedad y la política, y solo un cristianismo vivo, apasionado y transformador puede revertirla.