Estados Unidos y Cuba amplían negociaciones mientras la isla colapsa
En una sala de reuniones en La Habana, el director de la CIA se sienta en la misma mesa frente al Ministerio del Interior cubano y el principal oficial de inteligencia de la isla. Un hecho inesperado, casi herético durante décadas, se hizo realidad este jueves.
El encuentro, que incluye una serie de fotografías del encuentro que fueron publicadas por la propia agencia de inteligencia estadounidense, es la parte más importante de los dos meses de ambiguas conversaciones que se desarrollan entre Washington y La Habana. El encuentro simbólico, donde ambas partes anunciaron que están comprometidos a «abordar los problemas económicos y de seguridad», se produce en un momento de gran debilidad del Gobierno de Castro, ya sacudido por el cierre del poder establecido desde finales de enero por Donald Trump.
El día que el Boeing C-40B Clipper, un avión de transporte del gobierno, llegó a La Habana con una delegación encabezada por John Ratcliffe, jefe de la CIA, las autoridades cubanas anunciaron un nuevo y peligroso informe militar. «No tenemos petróleo. No tenemos reservas», dijo el ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, en la televisión cubana.
El día del anuncio, el miércoles pasado, la Isla fue golpeada por apagones que en algunas zonas alcanzaron las 22 horas de apagón, lo que no ha cambiado en los últimos meses. El problema de la prestación de atención médica también está provocando graves problemas en servicios básicos como los hospitales o el transporte. Los cubanos, empujados más allá, miden sus protestas arrojando cacerolas y sartenes, caminos bloqueados por basura que queman o gasolineras que no funcionan son atacadas a pedradas. En medio del colapso, el aparato represivo de Castro es uno de los pocos que sigue en pie.
Desde que Trump puso a Cuba en su agenda, poco después de la operación en Caracas para llevar en helicóptero al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, a una prisión de Nueva York, ha habido señales, a menudo contradictorias, sobre el futuro de la isla.
Al mismo tiempo que levantaba un muro muy fuerte, el presidente estadounidense envió un mensaje sobre la apertura del canal de comunicación. Al permitir la llegada en marzo de un petrolero ruso con 100.000 toneladas de petróleo crudo, que sólo alivió temporalmente un período crítico de escasez, dio el siguiente coraje: «Pronto tomaremos Cuba». Otra coalición ha seguido adelante con cada ataque o amenaza, siguiendo el breve libro de negociaciones agresivas del magnate republicano.
Esa misma semana, el secretario de Estado, Marco Rubio, y el propio Trump enviaron mensajes de reconciliación. Poco después añadió sanciones y sanciones a cualquier persona o entidad no estadounidense que mantenga relaciones comerciales con la isla, particularmente en las áreas de energía, seguridad, defensa y finanzas.
Como inicio de la reunión de la CIA, el Departamento de Estado emitió una decisión de entregar a la isla 100 millones de dólares en ayuda, que fue aprobada por el gobierno de Castro este jueves, con el fin de «cambiar radicalmente el sistema comunista de Cuba».
En este caso de donaciones y sanciones, los medios estadounidenses informaron que Estados Unidos se prepara para procesar al ex presidente cubano Raúl Castro, que no ha abandonado el poder, acusado del accidente aéreo de 1996 de la organización de ayuda cubana en Miami.
Los mensajes de Castro también han sido contradictorios. Desde ideas compartidas hasta sentarse a la mesa y discursos casuales, como la advertencia de que «cualquier invasor extranjero» que aterrice en la isla «encontrará una oposición indescriptible».
Los resultados de la reunión de este jueves no fueron bajos. El Partido Comunista de Cuba lo calificó como «una parte del esfuerzo para afrontar la situación actual». Aunque el Ministerio del Interior, que está al frente de los principales instrumentos de espionaje y represión, habló de «ampliar la cooperación bilateral», además de enfatizar «la lucha y oposición inequívoca al terrorismo en todas sus formas y manifestaciones».
La amenaza de la Guerra Fría que sitúa a Cuba como «refugio de los enemigos de Estados Unidos», según afirmó la CIA tras la reunión, es una de las contradicciones que, especialmente en público, insiste la Casa Blanca, involucró a políticos y militares a empezar a influir en la región que está trastocando el sistema internacional.