Alrededor de US$ 7.000 millones perdidos por fallas en transmisión

Spread the love

05 de abril de 2026 – 01:00

Durante años, el debate energético en América Latina y el Caribe se centró en ampliar la capacidad de generación como principal respuesta a la creciente demanda eléctrica. Sin embargo, ese enfoque comienza a mostrar sus límites en un contexto donde la transformación tecnológica y la variabilidad climática redefinen el funcionamiento de los sistemas eléctricos. Hoy, el desafío ya no radica únicamente en producir más energía, sino en garantizar que esta pueda ser transportada de forma eficiente, segura y resiliente, refiere el documento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), denominado “La transmisión definirá el futuro del sistema eléctrico en América Latina y el Caribe”.

En este nuevo escenario, la transmisión emerge como un componente estratégico. Datos de la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE) evidencian que en 2024 la región dejó de aprovechar cerca de 53 TWh de energía eólica y solar, lo que implicó pérdidas aproximadas de US$ 7.000 millones, en gran medida debido a limitaciones en las redes de transmisión. Esta situación refleja un problema estructural: la expansión de la generación, especialmente de fuentes renovables, no ha sido acompañada por un desarrollo equivalente en infraestructura de transporte eléctrico.

La presión sobre los sistemas eléctricos se intensifica. La demanda presenta mayor dinamismo, los patrones climáticos alteran las condiciones de operación y la incorporación de nuevas tecnologías modifica tanto la oferta como el consumo. En paralelo, la sociedad exige niveles más altos de confiabilidad. En este contexto, la transmisión deja de ser un aspecto técnico para convertirse en un eje central de la seguridad energética y la competitividad, remarcar el documento del BID.

No obstante, el desafío trasciende lo financiero. Si bien la región debería invertir entre US$ 6.000 y 8.000 millones anuales en transmisión, frente a niveles actuales cercanos a US$ 3.000 millones, el problema también responde a marcos regulatorios y de planificación que ya no se ajustan a la nueva realidad. Estos esquemas fueron diseñados para sistemas más estables, con trayectorias de expansión previsibles, lo que contrasta con un entorno marcado por la incertidumbre y la rápida innovación tecnológica.

El cambio de enfoque es claro. La discusión energética global comienza a desplazarse desde la capacidad instalada hacia la capacidad del sistema para adaptarse. En este sentido, la transmisión se consolida como la infraestructura que determina si un sistema eléctrico puede integrar nuevas tecnologías, reducir vulnerabilidades y responder a escenarios más exigentes.

En Paraguay, el Plan Maestro de generación de energía de la Administración Nacional de Electricidad (ANDE) dimensiona un importante desafío de inversión en el sistema eléctrico paraguayo. Entre 2026 y 2030, estima requerimientos por US$ 1.650 millones destinados a nuevas plantas de generación y soluciones de almacenamiento, con el objetivo de atender la demanda en horas pico. A partir de ese periodo y hasta 2040, las necesidades de inversión ascienden a US$ 6.700 millones adicionales, en línea con el crecimiento esperado del consumo energético.

A este esfuerzo se suma la expansión de la infraestructura de transmisión y distribución. Para garantizar el suministro hacia los centros de consumo, hogares y sectores productivos, el Plan Maestro contempla inversiones por US$ 3.500 millones hasta 2030 orientadas a ampliar y fortalecer las redes a nivel nacional. En conjunto, estos compromisos de inversión representan aproximadamente 30% del Producto Interno Bruto (PIB), lo que pone en evidencia la magnitud del reto financiero y operativo que enfrenta el sistema eléctrico en los próximos años.

Para este 2026, el presupuesto del plan de inversiones de la ANDE asciende a US$ 1.988 millones, orientado a fortalecer la red y acompañar el aumento de la demanda, que entre 2023 y 2024 registró un incremento de 18%. El financiamiento proviene en un 80% de recursos propios (US$ 1.592 millones) y en un 20% de fuentes externas y aportes de Itaipú (US$ 396 millones). Dentro del total, US$ 511 millones se destinan a inversiones físicas, con énfasis en transmisión. Destaca la construcción del segundo circuito de la línea de 500 kV Margen Derecha–Villa Hayes, junto con ampliaciones de subestaciones y nuevas líneas en distintos puntos del país, incluyendo proyectos en la Región Occidental.

En paralelo, se prevén mejoras en distribución, con inversiones en infraestructura y tecnología orientadas a reducir pérdidas y mejorar la calidad del servicio. En conjunto, el plan apunta a garantizar un suministro confiable y evitar restricciones que limiten el desarrollo económico, en un escenario de creciente demanda energética.

Finalmente, y en el contexto anterior, los países de América Latina y el Caribe cuentan con ventajas relevantes, como una matriz relativamente limpia y experiencia en integración energética. Sin embargo, capitalizar este potencial dependerá de la capacidad de acelerar la modernización de sus redes. Más que un complemento, la transmisión se posiciona como el pilar sobre el cual se construirá la seguridad energética del futuro.

*Este material fue elaborado por MF Economía e Inversiones.


Spread the love

Publicaciones Similares