Deja de reclutar | Poder
«Dejen de contratar gente». «Los artesanos no vienen a trabajar apresuradamente.» «La gente es cosa del 2023». «Los artesanos no se preocupan por la calidad de vida laboral».
En sillas y carteles en San Francisco, palabras como estas sacudieron las mentes de la gente en Estados Unidos el verano pasado. Resulta que la empresa de inteligencia de marketing Artisan, que estaba detrás de la campaña, buscaba una provocación. Lo logró, con un estremecimiento y una ira que superaron sus expectativas. Quizás, porque el mensaje subyacente no suena a humor ni a valentía. De hecho, porque en las principales economías del mundo está creciendo el concepto de desarrollo sostenible: en lugar del de servicios humanos. programas.
En el principal debate sobre la desigualdad, mirando hacia los acontecimientos futuros, conviene poner una lupa, fuera de las leyes del mundo y por encima de la lucha entre generaciones. El beneficio es la transferencia de fuerza de trabajo al capital, porque se reduce la carga del trabajo. Información clara recopilada El diario de Wall Street -no precisamente una publicación bolchevique- el día 9: en 1985 la empresa más valiosa de Estados Unidos era IBM y era una de las mayores fuentes de empleo, con 400.000 empleados. Actualmente, la empresa de chips Nvidia vale unas 20 veces lo que entonces valía IBM y recibe cinco veces más, pero a finales de 2025 sólo tenía 36.000 empleados, es decir, no llega a la décima parte.
¿Las políticas sociales ayudan a cerrar la brecha entre las personas en estas situaciones? Si echamos la vista atrás, esta no fue la primera crisis financiera en el mundo occidental y los efectos positivos de la productividad tienden a aumentar el empleo y la economía. Y esto se puede utilizar para garantizar el correcto funcionamiento del ascensor público. Sin embargo, muchos estudiosos sostienen que, esta vez es diferente.
«Incluso la inteligencia artificial es cada vez más avanzada [la productividad y riqueza] sobre lo que hace automáticamente [el trabajo]»Probablemente veremos un aumento de la desigualdad en el mercado laboral», afirmó la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, el pasado mes de abril en una reunión en Frankfurt.
La industria del consumo ve el cambio antes y más real que todos los estudios y profecías de los oráculos délficos que circulan en el mundo financiero. La enorme brecha entre ricos y pobres, que en los últimos años se ha denominado economía en forma de K (el grupo con mayores ingresos prospera y el grupo más pequeño se queda atrás) es cierta en el registro de ingresos de McDonald’s. El director general de la empresa, Chris Kempczinski, lo explicó de esta manera: «Los consumidores de ingresos medios y bajos sienten que tienen muchos problemas en este momento», mientras que los de arriba gastan felices. «En este momento tenemos una economía de dos niveles», dijo.
Delta Air Lines también está siendo testigo de un nuevo cambio en el negocio, una clara indicación de los tiempos: los asientos premium en sus aviones casi han superado a los de clase económica.
La riqueza acumulada de las 400 familias más ricas de Estados Unidos representaba el 2% del producto interior bruto (PIB) en 1982, mientras que hoy es el 20% del total, según un informe publicado en agosto pasado por Emmanuel Saez, experto en desigualdad, junto a otros tres economistas de Berkeley. España también ha experimentado un aumento de la riqueza en manos de los más ricos de la pirámide: el número de personas que declaran patrimonio superior a 30 millones de euros ha pasado de 352 en 2011 a 865 en 2023 y casi cuadriplica su patrimonio en el mismo periodo, según datos recogidos por la Agencia Tributaria sobre el impuesto sobre el patrimonio.
Economía en K
Esta diferencia, esta economía en K, motiva el debate sobre los impuestos al capital, sobre los impuestos a los salarios o a los robots, es decir, sobre la productividad de las empresas.
En esta densidad, en opinión de Branko Milanović, uno de los mayores expertos mundiales en desigualdad, hay «algo irracional, difícil de entender». Porque esta oportunidad es tan grande que, en su opinión, «no supone ninguna ayuda». Milanović participó el viernes en Diálogo avanzado en el Desigualdad Organizada de Madrid, habló de acumular riquezas astronómicas y lo describió como «hedonismo inconsciente», que es la definición de la codicia marxista. «Es un hedonismo que ya no se define por el placer de las cosas, es un hedonismo que se define por la acumulación de dinero. Y ni siquiera la acumulación de dinero, es la acumulación de números, porque antes empezabas a tenerlo en oro, incluso en dinero, pero ahora no», añadió.
La nueva explosión de la tecnología acelera este proceso porque desvía a más personas de la economía, de modo que, sobre todo, las empresas, los accionistas y los altos directivos se benefician de la tecnología moderna. Alex Weber, ex presidente del Bundesbank, declaró audazmente en octubre: «Veremos a la gente beneficiarse de esta tecnología como nunca antes habíamos visto, así como hemos tenido tecnócratas, tendremos gente noble de inteligencia artificial».
Incluso estas serán personas.