Por dentro del Gran Via Crucis en México: La Pasión de Cristo en Iztapalapa inicia como Patrimonio de la Humanidad.
En medio de los murmullos y de las trompetas, el ruido es grande. Hay más de 300 personas esperando que comience la oración, que es el inicio de un largo recitado de La Pasión de Cristo, en Iztapalapa, la alcaldía del populoso oriente de la Ciudad de México. La mujer abrió la boca y habló, pero no se la pudo oír; Significa unas palabras de agradecimiento. Después de varios intentos, un hombre grita enojado: «Cállate». Tranquilo. Les deseo mucha paz, esta celebración ha crecido y la queremos mucho”, dijo la mujer. Todos los presentes rezan un Padre Nuestro y un Avemaría. El ruido también es numeroso, pero en armonía. Al finalizar la oración, varias personas se acercan a besar la gran cruz de madera, que se encuentra en su lugar y que será llevada por Arnulfo Eduardo Morales Galicia, Cristo del 2026, del 183 para participar en el crucis en la capital. El viernes 3 de abril, ceremonia que se acerca a su 200 aniversario actuará por primera vez bajo la etiqueta de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco.
Hay representaciones durante la Semana Santa, pero el día con más leyendas es el Viernes Santo. El recorrido, que dura entre cuatro y seis horas, comienza en la Macroplaza del barrio de San Lucas, recorre ocho zonas y finaliza con la Crucifixión en el Cerro de la Estrella. Pero desde el amanecer, la gente pasa por el patio del teatro para ver a Jesús, que espera sin remordimientos en la sala a que comience el juicio. Ese día, las calles de Iztapalapa están intransitables: multitudes de personas se reúnen para seguir los pasos de Cristo; Lloran, gritan, patean a los policías y a los romanos que los custodian, insultan; Quieren proteger al Hijo de Dios, para evitar lo que viene.
Según la leyenda, la ceremonia comenzó con la alabanza de un milagro. En 1687, la esfinge funeraria partió de Villa de Etla, un pequeño pueblo al norte de la capital oaxaqueña, rumbo a la Ciudad de México para ser restaurada. En el camino, quien lo transportaba se detuvo y durmió en una cueva a las afueras de la ciudad del Cerro de la Estrella, en Iztapalapa. Dicen que por la mañana, el cuerpo de Jesús había aumentado de peso y tamaño, por lo que los portadores no pudieron transportarlo ni continuar el viaje.
La gente del país interpretó que a Cristo le gustaba el lugar y quería vivir allí, por lo que le construyeron una casa para vivir. Con el tiempo, el águila fue bautizada como «Cristo de la Cueva». Muchos años después de que esto sucediera, el pueblo de Iztapalapa fue afectado por una epidemia de cólera. La población local acudió a Cristo, como última esperanza, para poner fin a la enfermedad. Milagrosamente o por accidente, la plaga cesó. Fue allí donde, en su honor, se construyó una iglesia, se iniciaron los recorridos de Semana Santa y la exhibición de la Plaza de la Cruz. Ahora que es Patrimonio de la Humanidad, hay mucha presión sobre la restauración para que todo esté bien.

En la casa, los actores representan en el balcón la tentación de Cristo en el desierto. Los invitados miran con interés, en silencio. El diablo, que tiene mucho poder y habla casi en voz alta, le ofrece todos los reinos del mundo si decide adorarlo y Jesús, con mucha calma, lo rechaza. Algunos espectadores suspiraron; algunos sonríen e inclinan la cabeza; algunos se han santiguado. Joaquín Rueda, vicepresidente del Comité Organizador de Semana Santa en Iztapalapa AC (Cossiac), dijo: “A veces la gente llora cuando intentan azotar.
En la década de 1940, una casa en la cerrada ciudad de Asunción, una pequeña calle entre las angostas calles al norte del Cerro de la Estrella, abrió sus puertas para que quienes preparaban el Lugar de la Cruz y representaban a Cristo tuvieran un lugar donde probar. Este lugar se convirtió en la ficticia Casa de las Pruebas. Las hermanas Cano Reyes recibieron la casa que perteneció a su abuelo. No hacen nada o no lo hacen, dicen que están contentos y orgullosos de que el evento previo a la Pascua se realice aquí.

La casa es de color verde lima; Tiene un gran balcón en el centro y a su alrededor se divide, verticalmente, el dormitorio, el salón, la cocina y, a la derecha, las escaleras de cemento conducen a la planta principal, donde se dividen numerosas estancias.
Durante el ensayo hay actores y espectadores en las salas y salas. Son los únicos que actúan en el escenario con micrófonos de cabeza: cuando termina la actuación, una banda con trompetas se roba el protagonismo. El sonido es tan fuerte (hay más de seis trompetistas) que penetra hasta el último rincón.
«Comed, sino no cuenta», dicen unas 20 personas reunidas en la cocina, un poco escondidas de los demás, pero sin miedo a ser vistas. Por la mañana cantando en voz alta; no como trompetistas. «Somos una familia», dice Rueda mientras come un trozo de tarta. Luis Alberto Guzmán de la Rosa, secretario del Comité Organizador, agregó: «Tratamos de promover el espíritu de hermandad, porque ese es el mensaje que le damos al pueblo». Entre quienes se toman un momento para celebrar el cumpleaños se encuentran Arnulfo Morales, el Jesús de este año; Rueda, que lo hizo en 2001; y Jair Cruz Peralta, que no lo hizo ni lo hará.

Peralta, de 34 años, lleva 16 años involucrado en La Pasión. Ahora actúa como socio, en la Comisión de Cultura, que estuvo a cargo de la búsqueda para recibir el reconocimiento como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Otras personas que hicieron algo son el cuñado de Herodes, el apóstol Juan y el romano. También fue parte de palo de belleza. Pero lo que más amaba eran los azotes.
«Es una posición fuerte. Se dice que trae desastre, porque es de los que golpean a Jesús. Sí, es fuerte, pero es bueno, porque nadie quiere hacerlo. En la calle te reciben muchos insultos, la gente te grita: ‘No le pegues mucho’; ‘Oye, ¿qué te pasa? ‘Mi mandíbula con la mano, lo levanté y lo abofeteé’, dice entre risas, un poco de maldad.
Hay varios requisitos para representar a Cristo: ser natural de uno de los ocho distritos de la alcaldía, tener 18 años, ser católico, recibir la Primera Comunión, medir 1,75 metros, ser soltero, sin devoción y sin hijos, tener buena moral y buenas costumbres, gozar de buena salud física, no tener señales ni piercings o tener un papel secundario. El último requisito lo añadieron hace unos años, dice Rueda, porque la gente se quedó con la etiqueta y no sabía en qué se metía.
Ese día también partirán dos locutores que explicarán lo que se transmite en las redes sociales. «Tengo diferentes emociones; sobre todo emoción», dice Miriam Sandoval García tras conocer que será la primera mujer en ser una de las voces protagonistas para describir y llenar los espacios muertos entre escenas para que el público sepa lo que vio y lo que pasará. Sandoval, de 45 años, se interesó por La Pasión de Cristo desde pequeño, “como mucha gente en Iztapalapa”, dice al ver el grupo, el vestuario, los personajes. No participaron durante 23 años: se casaron y las tareas de la vida cambiaron significativamente. Algunas de las personas que jugaron fueron Claudia Procula, la esposa de Poncio Pilato; a la mujer samaritana que le dio de beber agua a Jesús; a María Salomé, la última en 1995.

Ese mismo año, Gerardo Granados Juárez, de 49 años, interpretó a Jesús. Granados acompaña a Sandoval en el programa. Regresa tras una larga ausencia -12 años- pero no entra en detalles. «Tuve problemas personales», dice mientras repasa los demás cargos que tuvo a su cargo: presidente del Comité de Planificación de Semana Santa, vicepresidente, secretario, vocal… «Revisé todos los papeles», dice entre risas. “Ahora formo parte de la Comisión de Honor y Justicia. Dios me colocó en el lugar indicado… así es y se debe cumplir”.
El grupo que hace la política social es muy pequeño. Luis Zavala López, de 25 años, y Dannia Jabnel Guillén Reyes, de 17, se sienten honrados de estar detrás de los hechos. Guillén vino aquí por cultura familiar. «Mi abuelo era Cristo en 1933», dice en voz muy baja. Su pasión es el dibujo y aquí ha encontrado un lugar para practicar y desarrollar sus habilidades.

Zavala es el primero de su familia en ser parte de la Pasión de Cristo. «Mis padres son católicos, a ellos también les gusta ver el partido, pero simplemente miran. A mí me gusta estar aquí», dice. Todos tienen el mismo objetivo: que el evento se siga viendo todos los años; que esta tradición sigue activa y trasciende fronteras, especialmente ahora que ha sido nombrada Patrimonio Cultural de la Humanidad; Siempre señalan la placa con la cabeza en alto.
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