Alerta de OIT: 6 de cada 10 trabajadores en el mundo siguen en la informalidad

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18 de mayo de 2026 a la – 01:00

La informalidad laboral continúa siendo una de las principales barreras para el desarrollo económico y social a nivel global. Pese a los avances tecnológicos, el crecimiento de diversos sectores productivos y la expansión de nuevas modalidades de empleo, millones de trabajadores siguen desempeñándose fuera de los sistemas formales, sin acceso a seguridad social, estabilidad laboral ni protección legal. La propia Organización Internacional del Trabajo (OIT) advierte que la informalidad “está en todas partes”, incluso en economías avanzadas, y que representa un desafío estructural para alcanzar un crecimiento más inclusivo (OITSTAT Informalidad laboral).

Las cifras reflejan la magnitud del fenómeno. Más de 2.000 millones de personas trabajan actualmente en condiciones de informalidad, equivalente a cerca del 60% del empleo mundial. Esto implica que seis de cada diez trabajadores no cuentan con cobertura social adecuada ni con mecanismos de protección frente a desempleo, accidentes o jubilación. La OIT señala además que la informalidad suele concentrarse en actividades de baja productividad, menores ingresos y alta vulnerabilidad económica.

Aunque tradicionalmente la informalidad se asociaba, principalmente, a países de bajos ingresos, el fenómeno también afecta a economías desarrolladas. El crecimiento de trabajos temporales, empleos por plataformas digitales, ocupaciones independientes y modalidades laborales flexibles amplió zonas grises dentro de los mercados laborales modernos. La OIT sostiene que la informalidad no solo se limita a trabajadores callejeros o pequeños negocios, sino que también aparece dentro de cadenas globales de producción y servicios vinculados a sectores dinámicos de la economía.

En América Latina y el Caribe, la situación sigue siendo especialmente relevante. La región mantiene elevados niveles de empleo informal, incluso después de la recuperación observada tras la pandemia. Datos oficiales muestran que la informalidad laboral alcanzó 46,7% al último dato de 2025, una reducción de 0,7 puntos porcentuales frente al año anterior, lo que evidencia avances limitados. Esto implica que prácticamente una de cada dos personas ocupadas en la región trabaja en condiciones informales (Panorama Laboral OIT América Latina y el Caribe).

A nivel global, los sectores con mayor presencia de informalidad incluyen comercio minorista, agricultura, construcción, transporte y servicios personales. En muchos casos, las personas ingresan a este tipo de ocupaciones por falta de alternativas en el mercado formal. La OIT remarca que la informalidad no siempre responde a una elección voluntaria, sino que suele estar relacionada con barreras estructurales como baja educación, escaso acceso al financiamiento, debilidad institucional y costos elevados para formalizar actividades económicas.

El impacto económico también es significativo. La informalidad reduce la productividad promedio de las economías debido a que muchas unidades productivas operan con menor inversión, baja incorporación tecnológica y limitado acceso al crédito. Además, afecta las finanzas públicas, ya que una parte importante de las actividades económicas queda fuera de los sistemas tributarios y de seguridad social. Esto restringe la capacidad de los gobiernos para financiar infraestructura, educación, salud y programas sociales.

La problemática presenta además fuertes desigualdades de género y edad. Las mujeres y los jóvenes registran tasas más elevadas de informalidad en comparación con otros grupos poblacionales. En numerosos países, las mujeres se concentran en trabajos domésticos, servicios de cuidado y microemprendimientos con menor protección laboral. Por su parte, muchos jóvenes enfrentan dificultades para acceder a empleos formales debido a la falta de experiencia o capacitación especializada.

La Organización Internacional del Trabajo advierte que la transición hacia una economía más digital y automatizada podría profundizar ciertos desafíos si no se implementan políticas adecuadas. El avance de la inteligencia artificial, las plataformas digitales y las nuevas formas de contratación puede generar oportunidades de empleo, aunque también existe el riesgo de expandir relaciones laborales más precarias o sin regulación clara.

Frente a este escenario, se plantea la necesidad de fortalecer políticas públicas orientadas a la formalización. Entre las principales medidas mencionadas aparecen la ampliación de la protección social, incentivos para pequeñas empresas, simplificación tributaria, acceso al financiamiento y programas de capacitación laboral. También se destaca la importancia de promover crecimiento económico sostenido acompañado por generación de empleos de calidad.

La informalidad laboral aparece, así como uno de los principales desafíos económicos y sociales del mundo actual. Más allá de los avances tecnológicos y del crecimiento de algunos sectores productivos, millones de personas continúan trabajando en condiciones precarias y con escasa protección. Para la OIT, avanzar hacia un modelo de trabajo decente constituye una condición fundamental para impulsar mayor productividad, estabilidad económica y mejores oportunidades de desarrollo para la población.

* Este material fue elaborado por MF Economía e Inversiones.


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