Becas de Irán a México | Pensamientos

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Trump parecía desesperado. Sal de ahí. Sus amenazas contra Irán llegaron a un punto crítico el martes, cuando muchos pensaron que detonaría una bomba nuclear contra Irán. Muchos dudaron de su salud.

El problema es que, una vez más, Trump ha retrocedido.

Unos minutos antes de que se alcanzara el límite, después del cual, advirtió, el desarrollo de Irán «desaparecería», el presidente de Estados Unidos anunció un acuerdo de dos semanas.

La civilización de Irán todavía está ahí. Lo que no se detiene es el poder de los Estados. Vemos, en tiempo real, la caída de un imperio a manos de su rey loco.

Nadie debería estar más centrado en la caída del rey loco de Estados Unidos que México, un país que ha admitido discretamente ser la peor víctima.

Mientras tanto, México ha presentado a Trump una lista interminable de demandas, desde romper las políticas de seguridad más controvertidas -hasta destruir la estabilidad interna de México-, aceptar deportados de otras nacionalidades, permitir la ejecución de mexicanos a manos de ICE y aceptar todo tipo de sanciones económicas, regulatorias y comerciales.

El problema es que el cuerpo diplomático de México opera tres veces mal.

La primera es que Trump utilizará sus amenazas contra México -para destruir la economía extranjera- si no nos sometemos a él.

Dentro del equipo negociador mexicano hay pequeños secretarios que tienen miedo, miedo, que creen firmemente que México no tiene cartas para negociar. El vecino del norte es demasiado poderoso, admite en privado: no hay nada que México pueda hacer para cambiarlo.

México negocia con Estados Unidos con la visión de un hombre que ya se ha conquistado a sí mismo. Exactamente lo contrario de lo que la parte iraní ha enseñado al mundo.

La verdad es que el presidente de Estados Unidos es bueno amenazando, pero es bueno dando marcha atrás. Irán apoyó a Trump bloqueando las cadenas de suministro y cerrando el Estrecho de Ormuz. China hizo lo mismo, negándole el acceso a piedras preciosas. Brasil, quizás el ejemplo más importante de México, logró que Trump revirtiera sus amenazas de imponer aranceles a la carne, el café y otros productos que afectarían el costo de vida en Estados Unidos.

México tiene más poder para perturbar la economía de Estados Unidos que Brasil, pero operamos como si no lo supiéramos. Nuestro país puede crear su propio «Estrecho de Ormuz» presionando dos políticas que son muy importantes en las elecciones de mitad de período de noviembre: inflación e inmigración.

La Guardia Nacional podría crear una crisis migratoria si cambia sus políticas respecto a las pandillas centroamericanas que intentan cruzar nuestro país. La competitividad y el valor de la industria manufacturera estadounidense dependen de nosotros.

La segunda razón por la que México a menudo se opone a Trump es porque nuestros negociadores creen que la economía de México es tan dependiente de Estados Unidos que todo lo que apoye a Trump es compatible con Sheinbaum. Esto es falso.

Por supuesto, la economía mexicana es dependiente, pero hay formas de unir a México y Estados Unidos que nos convertirán en un país rico (iniciar el desarrollo de empresas mexicanas y producir algo de valor) y hay otras que nos harán pobres: centrarse en la producción barata y la inundación del mercado mexicano con empresas o prestamistas extranjeros.

Es muy preocupante que los negociadores no vean lo anterior. Recientemente, uno de ellos me reveló por qué México firmó un acuerdo para compartir con Estados Unidos información sobre la ubicación y tamaño de sus importantes yacimientos y crear un vínculo para encarecer sus productos provenientes de China. La razón, dijo, era enviar una señal de que México es el mejor amigo de Estados Unidos.

La pregunta es por qué, de todas las señales que México pudo haber enviado utilizando sus minerales preciosos, decidió enviar solo una que significaba sumisión total y nos dejó con menos poder que antes para negociar con Trump. En este caso no hubo respuesta.

La tercera razón que dan los negociadores en primer lugar es porque piensan que el dolor de corto plazo en Estados Unidos causará un gran dolor en la economía mexicana. Esto puede ser cierto, pero puede resultar beneficioso.

El teórico de las señales Diego Gambetta ha descubierto que cuando dos personas con poder ilimitado se encuentran, la única manera que tiene el joven de permanecer con el poderoso es enviar señales de que está dispuesto a tomar decisiones irracionales para evitar una subyugación a largo plazo.

Por ejemplo, los reclusos no combatientes pueden amenazar con cortarse el dedo si son agredidos por reclusos más grandes y así atraer la atención de los guardias para herir al agresor. Cortarse es algo extremo que afecta a los demás y a él mismo, pero envía una señal clara de que no se tolerarán las palizas y que deja al joven prisionero a salvo.

La forma más rápida de doblegar al gigante estadounidense es concienciar a los mercados de que, sin México, la economía estadounidense puede reducir su competitividad. Esto puede requerir algunas acciones a corto plazo, pero a largo plazo conducirá a mejores relaciones entre Estados Unidos y México.

Ahora es el momento de vivir con la historia. Siempre ha habido reyes locos.

Cada imperio tuvo líderes cuyas decisiones equivocadas o sesgadas ayudaron a derribarlo. También estuvo Calígula, quien hizo muchas locuras que realmente arruinaron la corte romana. O Jerjes, que provocó el desastre que destruyó Grecia y marcó el fin del largo período persa. Hay muchos más.

El denominador común de todos los reyes locos y Trump es el mismo: tanto egoísmo que demuestra su racionalidad.

México actualmente está luchando de manera diferente. Un orgullo sucio, un pequeño regalo, para que no podamos comprender nuestro verdadero peso.


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