La paradoja de la democracia | Ideas | América
El 7 de abril, la Economist Intelligence Unit (EIU) publicó sus conclusiones. Índice de democracia 2025. Por primera vez en diez años, las cifras de la región latinoamericana aumentaron, de 5,61 a 5,71 sobre diez. Según el informe, 13 de los 24 países analizados han subido sus precios. Anteriormente, en abril de 2025, la Corporación Latinobarómetro publicó su informe en el año 2024, y encontramos que apuntaba en la misma dirección: el apoyo ciudadano a la democracia en la región aumentó cuatro puntos porcentuales, del 48% al 52%, un gran salto registrado desde 2010. Los dos grandes termómetros de la democracia latinoamericana, después de años de continuo deterioro, coinciden en mostrar un cambio en el sistema.
La señal no disminuye. La región enfrentó una terrible tragedia: una epidemia que dejó a América Latina como una región en desarrollo. descender la economía global en 2020, con una caída del PIB del 7,7%, una ola de inflación, el aumento de la violencia política y un malestar generalizado en varios países de la región. En este contexto, el hecho de que el apoyo a la democracia no haya caído, sino que haya aumentado cuatro puntos en 2024 en Latinobarómetroes una prueba de estabilidad estructural que debe tomarse en serio. A esto se suma la historia de Bolivia, descrita por un UEI como «el acontecimiento democrático más importante del año» en 2025, tras recuperar elecciones libres tras casi dos décadas de decadencia institucional, y la estabilidad de Uruguay, Costa Rica y Chile, que mantienen los mejores indicadores regionales en ambos informes.
Sin embargo, al leer atentamente los dos documentos, hay una paradoja que debe guiar cualquier lectura de los ganadores. Investigación de Latinobarómetroque también documenta el retorno de la democracia, muestra un colapso simultáneo y generalizado de la confianza en las instituciones que la apoyan. Según los datos de informe Para 2024, la confianza en los partidos políticos será sólo del 17%, en el Congreso del 24%, en los tribunales del 28% y la satisfacción con el funcionamiento de la democracia sólo llegará al 33%. Es preocupante que la confianza pública -el indicador social clave que sustenta cualquier democracia- esté en el 15%, el más bajo de la región.
Él Índice de democracia Intentan la misma ruptura, pero desde la organización. Según la EIU, América Latina obtiene puntuaciones superiores al promedio internacional en elecciones, población y participación política, pero se hunde en el indicador de «cultura política», el pilar más débil de la región. Es decir, los dos informes, construidos con métodos diferentes y desde un punto de vista común, llegan a una conclusión revolucionaria: el edificio permanece, pero los cimientos que lo sostienen se destruyen.
Como escribieron Steven Levitsky y Daniel Ziblatt en Cómo mueren las democraciasestos son precisamente los pasos que sigue la erosión de la democracia en la actualidad. La democracia en el siglo XX ya no muere por golpes de estado, como sucedió en gran parte de América Latina en el siglo XX. Muere por una lenta erosión, a manos de líderes electos que debilitan los controles y equilibrios, se apoderan de los tribunales, coaccionan a la prensa y destruyen la libertad de las instituciones electorales, todo ello con una población que no reconoce estas amenazas. democracia. El ciudadano latinoamericano, según los datos, apoya la democracia como concepto, pero ha perdido el poder -o el interés- de proteger las instituciones reales que la hacen posible.
La asombrosa historia de esta paradoja es El Salvador. De acuerdo a LatinobarómetroNayib Bukele es el presidente más popular de América Latina desde que se publicó el informe en 1995. UEI Señala que su gobierno ha autorizado un segundo mandato consecutivo en 2025 para violar la constitución de Salvador, las operaciones militares y la alteración sistemática de las instituciones. A pesar de esto, el apoyo a la democracia en El Salvador aumentó sólo un punto porcentual -del 46% al 47%-, lo que demuestra que, para una parte importante del electorado salvadoreño, el régimen actual no representa una amenaza para la democracia sino todo lo contrario.
La situación más preocupante es la de Venezuela. A pesar del fraude electoral registrado en 2024 y ampliamente reportado por observadores de todo el mundo, el Latinobarómetro Afirma que el apoyo a la democracia en Venezuela «no se está derrumbando, sigue ileso». Esto sólo puede explicarse si se considera que la palabra «democracia», para amplios sectores de los ciudadanos, ha dejado de referirse al gobierno existente y ha remitido a un anhelo desconocido, a una carencia, a un deseo. Y cuando regímenes diferentes, como el uruguayo y el venezolano, pueden decir las mismas palabras, su capacidad para distinguir entre democracia y autoritarismo se debilita.
El caso colombiano muestra otra cara del fenómeno. segun el UEIColombia registra la mayor caída de la democracia en la región en el año 2025. Además del asesinato de 26 políticos, incluido el de Miguel Uribe Turbay, existen 81 municipios conocidos como de “alto riesgo electoral”. Asimismo, es importante mencionar que los grupos armados actualmente los tienen existir en alrededor de 790 municipios del país, equivalente al 71% del territorio del país. En otras palabras, la erosión de la democracia en Colombia no es simbólica, sino física. La capacidad del Estado para garantizar la acción política (postulaciones, votaciones, representación) se ve directamente cuestionada.
El peligro de la actual repatriación, entonces, no reside en su debilidad numérica, sino más bien en que puede ocultar una mayor sensibilidad institucional. Según los datos de LatinobarómetroEl 25% de los encuestados declara que no le interesa el tipo de gobierno que los gobierne, y el 17% apoyaría al gobierno en algunos casos. Además, el 65% de los ciudadanos no están satisfechos con el rumbo de la democracia. Estas cifras, junto con el colapso de la confianza en las instituciones, describen el terreno fértil en el que operan los ilegales. Como señala Yascha Mounk en Pueblo versus democraciaLa mayor amenaza a la democracia no proviene de insurgencias militares o dictaduras, sino de líderes elegidos democráticamente que, una vez en el poder, destruyen las herramientas de la libertad (poder judicial, medios de comunicación, minorías), atrayendo la legitimidad proporcionada por el apoyo popular.
Las perspectivas para 2026 no son alentadoras. su UEI califica la situación local de «incierta» y enumera los motivos: las elecciones presidenciales que tienen el riesgo de polarización y destrucción de la democracia en Perú, Colombia y Brasil; la renovación de las relaciones exteriores bajo la segunda presidencia de Donald Trump, cuya política exterior ha abierto la puerta a un claro reconocimiento de los líderes no liberales de la región; y el grave deterioro de la seguridad en varios países, que convierte todas las elecciones en un gran riesgo para las instituciones. Sobre la base de un 15% de confianza entre la gente y un 17% de confianza en los partidos políticos, cada una de estas elecciones puede ser una confirmación de la democracia o una etapa adicional en la erosión del suelo.
Por estas razones, la cuestión importante ya no es si la democracia latinoamericana sobrevivirá. Los datos demuestran que, al igual que el deseo, puede ser posible. La pregunta es qué significará la palabra «democracia» dentro de diez años: ¿seguirá siendo conocida como el sistema que una vez la definió (elecciones competitivas, controles y contrapesos efectivos, prensa libre, intercambios, garantías de libertad) o se reducirá a un símbolo flexible que cualquier gobierno puede reclamar sin pagar el precio de la historia? Esa batalla no se libra en los informes. UEI o en las regiones centrales de Latinobarómetro. Se basa en un 15% de confianza entre las personas, un 17% de confianza en los partidos políticos, un 24% de confianza en el Congreso y un 28% de confianza en el poder judicial.
Por lo tanto, es importante que los gobiernos locales, los partidos políticos y las instituciones públicas comprendan que el regreso de 2024 y 2025 no es un destino, sino una frágil oportunidad. Restablecer la legitimidad de las instituciones democráticas —a través de reformas judiciales que brinden independencia, partidos políticos con reglas internas confiables, parlamentos que restablezcan las funciones de representación y control, y políticas gubernamentales que reduzcan la distancia entre el gobierno y los ciudadanos y que puedan promover el desarrollo social y económico que promete la democracia— es la única manera de volver a unir las cifras. De lo contrario, la democracia latinoamericana seguirá siendo una voz en las elecciones, pero seguirá cerrada como práctica formal. Y, como lo ha demostrado la historia reciente del continente, cuando la democracia sólo defiende su voz, pronto termina perdiendo su voz.